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viernes, 31 de agosto de 2012

366 DÍAS CON ÉL - Concursante del Premio Planeta Digital



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El día en que le dije Te Amo la relación cambió. Cambió para mal.

183 días antes del Te Amo
La historia comenzó por casualidad. Estaba sin ánimos de conocer a nadie. A nadie que me complique demasiado la vida. Una vida que siempre quise llevar y que me costó lograr. Una vida nacida como por revancha de esa otra que dejé que alguien construyera por mí y que no me permití hacer realidad hasta ahora, momento en el que también me pregunto: ¿Cuantas vidas uno puede vestir mientras se vive una sola?

Si me preguntas como lo conocí te contesto que no pasó nada más ni nada menos que lo típico. Noche de chicas solteras en un bar cerca del trabajo y al lado, justo donde las miradas no necesitan de anteojos para ver de lejos, una mesa de  solteros con un solo objetivo: no dormir solos por lo menos por esta noche. Miradas van, risas vienen, los muchachos se entretienen y nosotras que otra vez caímos en el típico juego de aceptar con falsa sorpresa una avalancha de frases robadas sin discreción de sobres de azúcar seguidas, ademas, de un sin fin de acciones estereotipadas en cadena que – a pesar de todo-  le terminaron funcionando a él. A él que una vez más se levantó una minita y a mí que una vez más me dejé llevar por mi libido en alza hasta el punto de que, al día siguiente, estoy en el baño del trabajo, sonriendo frente al espejo y frente a la pregunta en forma de mensaje de texto calentito recién salido de su celular: ¿Salimos?

Y entonces, como pasa siempre, el poder de los Gemelos Fantásticos se activa, pero no para convertirme en cubo de agua, sino en una excelente estratega, experta en manejo de tiempos, ansiedades y modos de respuesta a este tipo de invitaciones. Hago silencio para escuchar la voz de la experiencia que me susurra al oído que en este tipo de situaciones hay dos maneras de reaccionar.
Uno, le contesto al toque sabiendo que él se va a dar cuenta de que estoy esperando su contacto mas que el delivery de comida casera amigo de solitarios incapaces de cocinarse o ,dos, me hago la que no importa ese mensajucho y aún sabiendo que él se da cuenta que me estoy haciendo la Diosa pero que voy a caer como un mosquito, mas temprano que tarde, le contesto al otro día a la hora after office porque es ese momento del día que pareciera que le contesto porque es mi ultimo plan sin que él se de cuenta que es mi único plan.
Aclaración para las chicas: la invitaciones a salir de ninguna forma se contestan a la mañana del día siguiente, porque deschabás al toque tus altísimas ganas de estar con él o con alguien (que no es lo mismo) y luego es dificilísimo limpiar tu imagen de Sola Desesperada. Aclaración para los chicos: si reciben una contestación a la mañana, no necesariamente ella esta muerta por vos, quizás el mensaje lo tenía en la bandeja de salida y se envió sin previa orden.
Chicas: aunque estemos muy interesadas con el muchacho en cuestión lo último que se pierde es el Glam (de Glamour: termino acuñado en la Bolu Sosaiety para describir la condición de fashionista pelermitano venido a menos con aires de venido a mas) y a lo que primero se culpa es a la tecnología. Siempre es mejor decir un “No se que pasó, te juro que nunca apreté Send” a quedar como unas desesperadas.
Volviendo al tema, el problemón es cuando te haces la “Diosa No Me Importa Nada” y te sale mal porque él no contesta y la salida se frustra porque claramente él tomó la rienda de la situación y vos vas volver a ser la Cenicienta que eras sin siquiera haberte probado el zapatito de cristal.

Pero en esta historia él contestó rápidamente y lo que siguió fue lo de siempre: taxi en mi puerta para llegar por mi propios medios –me pregunto porque ya no está de moda el elegante gesto de que te pasen a buscar-, cena, tragos que van y vienen, comentarios político livianos, tanto como para no terminar en bandos contrarios, y muestras gratis de besos tanteadores que tienen por objetivo diagnosticar si todo da para que termine en un único lugar: su/mi cama.


La primera cita fue buena, la segunda muy buena, la tercera excelente y así sucesivamente hasta que la relación se fue afianzando en el tiempo casi sin pensarlo: llamados diarios, mensajes de texto, de voz, de él, de mis amigas preguntándote como va todo, de mi psicóloga preguntándome porque no voy mas, -¿Para que voy a ir si mi problema era la soledad y ya es un tema solucionado?, acordate que habíamos resuelto en la sesión numero doscientos cuarenta que o me compraba un perro o me conseguía un novio y como el perro me salía muy caro de mantener, el novio en principio no –le dije-.

Todo se fue dando tan naturalmente como aprender a caminar, a hablar, a tomar mate sin quemarte, como a decir te quiero a un amigo, abrazarlo y no sentir vergüenza.
De cada siete días, cinco estábamos juntos y luego seis hasta que la semana completa se nos pasaba volando entre casa y casa.
Como quien no quiere la cosa, me encontré haciendo cosas que nunca pensé que iba a hacer por alguien, ya no digo por un hombre: mandarle mensajes de buenos días, de buenas tardes, buenas noches y hasta de buenas madrugadas y esperar los suyos para poder dormir. Cocinar más de dos noches seguidas luego de haber trabajado doce horas completitas. Lavar los platos de la cena romántica además de los acumulados del día anterior, impulsar un cumpleaños sorpresa cuando no festejo ni el mío, entre otras tantas e inexplicables reacciones nacidas de mí, una persona que ya pocos reconocen.
Mientras las escenas mas cursis hollywoodenses eran cosa de todos los días, fuimos modificando, como toda pareja que se digne de tal, la forma de llamarnos.  Primero elegimos diminutivos, luego ridículas onomatopeyas hasta que tomamos el camino sin retorno de llamarnos por nombres de animalitos – motivo de risa de todo el mundo salvo de nosotros dos, claro-.
Pasaron los primeros meses de la relación y en ningún momento nos vimos envueltos en la típica burbuja del enamoramiento alocado que cuando se rompe te salpica de pura e irreversible realidad, si eso era bueno y malo no fue algo que nos develara.

Hasta que un domingo que se perfilaba como cualquier otro, de esos en que cada uno se separa para visitar a sus respectivas familias, momentos antes de cruzar el dintel de su puerta algo me pasó, algo se me confundió entre una libido en estado de ebullición y un sentimiento en estado de sublevación y se me escapo un Te Amo.

(Silencio)

- Se me escapó, no lo quise hacer, lo juro.
- Pero te dije que no tenias que decirlo tan pronto, si venias bien diciendo un cálido Te Quiero: vos le decías te quiero, el te respondía te quiero y ya, todos felices comiendo perdices ¿Porque tenés que complicarla con un Te Amo que termina siendo como un inhibidor de hombres tipo gas pimienta? ¿No te das cuenta que no pueden resistir la frase? Claro, a vos se te escapan las palabras así como así y yo soy el que termino destrozado, llorando por los rincones de la casa de tu vieja, del diván de nuestra psicologa y del asiento del cine un sábado por la noche. Siempre lo mismo, no aprendes mas: o lo decís sin sentirlo solo porque el otro lo dijo primero como cuando tenias veinte, o se te cae así como así, creyendo que el mundo esta preparado para escucharlo. Ahora, nena agarrate porque o sale corriendo o se queda, y si se queda querida ahí te quiero ver – te dice el corazón que para realista pocos como él-.

Luego del sincericidio dicho así como así, de la nada misma o del todo mismo, él te da un abrazo, un silencioso abrazo y me fui a almorzar con mis viejos en un domingo que ya no es como todos los domingos, por que es el día en que le dije por primera vez Te Amo.


Como solo fue un acto fallido digno de ser analizado por todas las sesiones de terapia que te alcancen con los sueldos y aguinaldos venideros de acá al día del juicio final o un exabrupto de mi corazón que ahora se envalentona reprochándote el descuido como si no tuviera nada que ver con el caso no esperas ninguna respuesta de él. O en realidad, sí, espero la misma frase dicha sin el descuido con la que la dije yo, o sea, lo mismo pero sentido verdaderamente.


Un día, en medio de una clase de Origami tan interesante como todas, el celular entona las más bellas notas anunciando un nuevo mensaje de texto de él:
Te Amo. Yo
Lo primero que pensé es que alguien se había equivocado. Que ese mensaje no era para mí, que seguro que el tarado de Max me estaba jugando una broma y que de ser así se iba a tener que olvidar de mi amistad para siempre.
Pero lo leí de nuevo, y el remitente era de él, sin ninguna duda.
Dos palabras, cinco letras, las combinación semántica perfecta que estaba esperando. Con el brazo rojo de pellizcarme al no creer lo que te estaba pasando, interrumpí a una compañera para que me confirme que lo que estaba leyendo era real. Confirmadísimo, el te amo es de él y seguí sin creerlo, y me falta plegar otra alita para que la grulla sea grulla y no un pato pero no me importa y le pedí a otra compañera que termine de plegar el piquito para poder salir a llamarlo y entonces le pregunté a otra si estoy linda cuando me recordó que sólo era una charla telefónica.  

183 días después del Te Amo
Que enorme felicidad. Un hombre en la faz de la tierra que siente igual que yo. Que se juega a todo o nada y que apuesta por un futuro de dos cuartos de helados juntos pero no mezclados.
Comencé a sentir la necesidad de que el mundo lo sepa empezando por mi familia -que es la misma que él se niega a conocer cada vez que se lo planteo-, de pasar mucho mas de siete días a la semana con él y empezar a buscar niditos de amor para dos con habitaciones para tres… o cuatro –aunque no quería ir demasiado rápido-.
 
Pero algo pasó. Luego de mi Te Amo, dicho sin pensar y su meditado Te Amo gradualmente pasamos de nuestros apodos de animalitos, a las onomatopeyas y volvimos a llamarnos solo por nuestros nombres a secas, sin ni siquiera usar los diminutivos.
Comenzaron a ser más frecuentes los días en que vestíamos pijamas ridículos mirando una película de las del montón un sábado a la noche que los que nos esforzábamos por vestirnos bien el uno para el otro.  Aumentaron las salidas de “soltera” que las salidas de “cazada” -sí, con Z- , o lo que es peor, me acompañaba a las salidas con cara de pocos amigos y se iba antes de que termine argumentando cansancio o aburrimiento o ganas de no estar ahí –que era lo mismo-.
No sexo. No charlas. No discusiones -aunque hubiera sido, por lo menos, un modo de comunicación. Nada. Ya no sonaba ni un Te quiero dicho al pasar.

Día 366. Día del No Sos Vos Soy Yo

Una noche en un bar cerca del trabajo, en el mismo donde comenzó todo, no pasó nada más ni nada menos que lo típico:

- Sos la mujer con la que soñé toda mi vida y soy en este momento el hombre más triste del universo porque no te puedo amar como vos me amas a mí. Mirá que lo intenté de muchas maneras, pero me estaba sintiendo mal al no corresponderte en el sentimiento. No Sos Vos Soy Yo.
-¿Vos me estas dejando porque si bien me querés y soy la mujer perfecta para vos, no me podes amar como yo te amo a vos? ¿Que diferencia hay entre los te quiero iniciales y los te amo posteriores? En un principio letras pero debe haber algo mas ¿Será que el te amo implica un nivel de compromiso mayor que el liviano te quiero aunque sea mucho?.

Esa noche no volví a dormir en la misma cama que él. Y mientras me quitaba el poco maquillaje que quedaba luego de que las lágrimas se llevara el resto, me pregunté cual era la diferencia entre mi te amo diciéndolo a los ojos y el suyo vía mensaje de texto.
Silencio. Ése que aturde. El más profundo de los silencios.
Ahí esta la diferencia. Yo lo dije con el mismísimo corazón, a los ojos y con un beso y él lo dijo con los dedos, al celular y a la distancia.

El día que dije Te Amo la relación cambió. Luego de 366 días sin él, puedo decir que cambió para bien.
Pero todavía me sigo preguntado ¿Cuantas vidas uno puede vestir mientras se vive una sola?


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jueves, 2 de agosto de 2012

Treintañeras IV: la que piensa que tiene solo un par de manías… nada más.


Las etiquetas de todos los productos que usás en tu casa mirando hacia el frente. No solo la mayonesa y la mostaza de la heladera, sino los del baño, los del lavadero y si el mono ambiente tuviera mas de una habitación todas las etiquetas mirarían al frente como soldados de una batalla en la que si se suma algún extraño del bando contrario, siempre gana la dueña de casa que en este caso vendrías a ser vos.

La toalla de las manos doblada en dos, el gatito de la fortuna mirando a la puerta junto con el elefante de la suerte, las plantas cerca de la ventana, los sahumerios en el cajón de la izquierda, dos almohadones por cada cuerpo del sillón, las cremas para la cara de un lado las del cuerpo de otro, las remeritas ordenadas por colores calidos y fríos. Los cuchillos con los tenedores y las cucharas grandes con las chicas.
Los libros de autoayuda cerca de los de psicoanálisis, los de ficción en castellano cerca de los de ficción en inglés de cuando intentaste ser bilingüe. En el medio, los apuntes de la facu que no leíste en los últimos diez años pero los tenés ahí por las dudas.
En la botella de agua fría nunca se prepara jugo, el vino que se abre se termina en el acto, si se barre también se plumerea, los vidrios de la ventana no se limpian nunca salvo que llame Perkerman.

A los treinta o treinta y pico, que para estas alturas ya no ninguna diferencia, hay algunas cositas que son así, como inamovibles, algunas costumbres que una tiene incorporada que fueron creadas antes que Dios terminara el mundo al sexto día. Algunas pequeñas manías que está ahí desde que explotó lo que explotó y se creó la galaxia misma, o desde que el mono un día dijo: “Che hoy juega Racing prendé la tele” y se transformó en Homo Sapiens.
Son pocas manías –hombres, sepan que hay muchísimas más- que hay que respetar y Dios me libre y me guarde –diría mi abuelita- de no cumplirlas.

Para terminar les digo a ustedes hombres –que también tienen lo suyo- lo peor es que no hay vuelta atrás y deben saberlo de antemano. Digo que no hay vuelta atrás porque de no cumplirse algunas de estas inocentes reglas de convivencia la angustia y el desánimo se apodera de nosotras y la vida ya no es la misma. Sepan que vamos a hacer un esfuerzo por cambiar el lugar del gatito de la fortuna, pero tengan en cuenta que ya no es lo mismo y no lo será hasta que todo vuelva a su lugar.

Cualquier inconveniente con lo expuesto, queda habilitado el libro quejas.

sábado, 14 de julio de 2012

Treintañeras III: la que se queja de que sus padres no saben mandar un mail y ahora no sabe manejar un Smartphone

(Texto Publicado en Victoria Rolanda el 10 de julio de 2012)

Estás disfrutando de un domingo apacible con tu gata, el mate, el diario prestado del hall del edificio y el olor leña a punto de ser asado de tu vecino, cuando de pronto te encontrás delante de tu nuevo Smartphone. Súper cool, súper touch screen ¡¡¡Súper difícil de domesticar!!!

Todo comenzó cuando le aceptaste a un reverendo desconocido, símil contestadota automática, un cambio de equipo. El que tenías con pantalla ámbar ya no servía ni para despertador. Para vos con llamar y recibir llamadas era suficiente pero no. Pensar así hoy en día sería como tener delante una torta de chocolate y conformarte con la frutilla del medio. ¿Cómo conformarte con una hamaca oxidada si te ofrecen un parque de diversiones en tus manos con miles de opciones para comunicarte con el resto de la humanidad?
Así es que luego de leer el manual de instrucciones en los treinta idiomas disponibles, no podés escapar a la pregunta que toca vorazmente a la puerta de tu ignorancia: ¿Qué corno es un Smartphone?
Así es que como de Smart sólo conoces al Maxwell, el Súper Agente 86, inmediatamente volteás tu cabeza hacia la biblioteca y, con vista de rayo láser, esperás encontrar tu gastado diccionario de la primaria para que te desasne un poco. Pero no sólo no lo encontraste sino que no estás orgullosa de no saber donde quedó en medio de esa biblioteca con muchos libros leídos, otros tantos sin leer y la Tablet en medio, mofándose de tener guardados muchos mas libros de los que serás capaz de leer en un vida.No encontrarlo te da la inevitable nostalgia treintañera, esa que también puede aparecer a los veintipico. Nostalgia de cuando buscabas una palabra por la primera letra, luego por la segunda y tercera  hasta que la encontrabas y luego, una vez aprendida, leías los significados de las palabras aledañas sólo por curiosidad y poco también para no terminar la tarea que siempre era aburridísima.

Fue en ese preciso instante en que el Smartphone comenzó a bailar antes tus narices cantando a cappella y recordándote la  pregunta y entonces te diste cuenta de algo que inevitablemente marca con sello de fuego esto de ser treintañera: podés buscar el significado de Smart Phone en el mismo phone, o sea, en tu mismo teléfono. ¡Increíble! Para cuando te diste cuenta de esto del asado de tu vecino sólo quedaron cenizas. Solo resta hacer un sincero mea culpa con una firme promesa de ayudar a tus viejos a prender la compu y mandar mails por el resto de tu vida

lunes, 25 de junio de 2012

Treintañeras II: La que tendría un hijo y en cambio adopta… lo que sea

(Texto Publicado en Victoria Rolanda el 18 de junio de 2012)

 “Me dan asco los besos en la boca”, decías a los diez y a los quince los buscabas como loca y se te hacían la figurita difícil si eras la gordita cuatro ojos, la traga chupa sirios o la buenuda obrera de las tareas del chico bonito de turno.
“Solo me interesa la carrera. Quiero focalizarme en meter todas las materias” decías a los veintiuno sin olvidar que te aburrían hasta el hastío las publicidades de pañales y aceites para la colita y a los treinta fuiste capaz de dar por finalizada la carrera sin haber cruzado la línea de llegada y no tendrías un hijo ya ya ya, pero las vidrieras de ropa para bebés comienzan a parecerte súper cancheras.   

Y es que a los treinta y pico sos capaz de reír con la sonrisa de un bebé y luego, cuando el hechizo se rompe, mirar a todos lados para constatar que nadie se haya notado la multitud de hormonas amotinadas pidiendo a cacerolazos limpios que tengas un bebé ya o dentro de poco porque sino van a empezar a caer como moscas sin haber disfrutado de la dulce espera.
Es que si tenés novio desde hace mucho, y mucho digo un año –eso es verdaderamente mucho para una treintañera- tu viejos y/o suegros ya ni piensan en el casamiento, viajan derecho y sin escalas al pedido de un nieto no tanto porque quieran que vos tengas un hijo sino porque ellos quieren tener un nieto. Si no tenés novio el problema es doble, porque tus viejos siguen queriendo ser abuelos pero no te facilitan la búsqueda de un padre cosa que debería suceder si es que de nuevo ellos son los que quieren tener un nieto a toda costa.

Así es aunque estés en una u otra situación las ganas de ser madre te aporrea la conciencia pero quizás no es el momento y entonces ¿Qué haces?, lo que hacemos todas: te compras una mascota o lo que es peor te enganchas con un pibe que parece una mascota porque lo único que hace es comer, mover la colita sólo de vez en cuanto, dormir y reclamar afecto cuando nadie esta dispuesto a dárselo.
No te preocupes, todas pasamos por lo mismo. Hacé una cosa, si viste un enterito de bebé re canchero compralo, no se lo muestres a nadie salvo a quien creas que se puede bancar tu hormonazo –y no solo hablo de algún mascotón de turno, también hablo de tus amigas que todavía pasan de largo en las vidrieras para chicos- y mientras tanto corre la voz por si alguien sabe de una gatita para adoptar. Por mi lado, el enterito esta guardado bajo cinco llaves, a mi gata la tengo cebándome mate mientras escribo esta columna y el mascotón cada tanto mueve la colita y yo le reclamo afecto.

lunes, 28 de mayo de 2012

Treintañeras I: La soltera post-casada

(Texto Publicado en Victoria Rolanda el 28 de mayo de 2012)

Somos muchas. Somos tantas como las que hayamos nacido hace treinta y pico de años. Tantas como querramos ser, como seamos. Pero… ¿cómo somos las que tenemos treinta o ya no pasamos hasta de esa raya?

Yo soy lo que soy
Si luego de leer este titulo no estás tarareando la famosísima canción de Sandra, devenido en himno del orgullo gay, pero que nos viene de perillas, con los pelos batidos y el cepillo en la mano haciendo de micrófono es que no tenés treinta pero igual podes leer esta nota porque quizás se transforme en el DeLorean que te transporte hacia lo no quieras ser en tus futuros treinta y pico. Antes de seguir necesito anclarles que nada esta más lejos de mis costumbres el encasillar a las personas en arquetipos, porque tal como decía Sandra somos lo que somos pero está claro que todas, absolutamente todas, nos parecemos en algo y eso es lo que a la vez nos une.
Asi es que intantaré, en esta primera entrega a la que le seguirán otras cuatro, describir a por lo menos cinco tipos de mujeres que fuí, que seré o que fueron o serán todas las mujeres que me rodean.
Vuelvo a advertir, haré esto aún a riesgo de ser linchada por aquella de treinta que no se identifique con las que describiré en este preciso momento.

La soltera post ¨casada¨
Es una de nosotras que no estuvo casada pero así le decían porque estuvo de novia por muuuchos años -en este caso las reiteradas U hacen al caso-. Cuando digo muchos son mas de cinco, aunque para mí mas de uno es muuucho con las mimas cantidades de U. Es aquella que es encuentran muy a menudo tanto, que en un grupo de cinco, dos hacen un porcentaje muy alto -le chiste de la U me tienta de nuevo, pero se que ya no da gracia- y en una votación de temas femeninos candentes hacen que peligre el resultado final. Es, en realidad, un tipo muy común entre nosotras si es que tuvo la suerte no tan común de conocer a un hombre sensato, buen mozo, divertido, inteligente, caballero, de buena posición económica y amigo de la familia y los animales a los diezypico, porque a los treinta una pareja larga, que haya funcionado y fracasado luego de muchos años solo pueden gestarse en la secundaria, ya no en la primaria porque la que le haya pasado lleva a cuestas dos divorcios pero también lleva a cuestas, felizmente, dos separaciones de bienes, o sea que en el dormitorio tiene una televisión de tubo de uno y una VHS de otro –quizás para la próxima separación de bienes puedas ligar un HD 3D full cinco puertas-. Así es que este tipo de nosotras, luego de haber abandonado los boliches a muy temprana edad, ahora le exige a la luna que no duerma o que techen Buenos Aires y necesita bajar un cancionero para entender las unifacéticas canciones de la nueva movida del reggaetón para, estar a la moda y perrear en la pista de la disco mas canchera. Si sos una de ellas, te admiro, si no sos y tenés alguna cerca, decile que la admirás por haber sabido llevar una relación tantos años, abrazala y decile que no pare de disfrutar lo que no disfrutó porque en cualquier comento se topa con otro que aunque sólo tenga una de las características del anterior, seguro que volverá a abandonar las pistas y quizás a los cuarenta y pico con un HD bajo el brazo y dos hijos, el reggaetón haya pasado de moda y tenga que aprender otro ritmo nuevo.

No te pierdas la próxima entrega con una nueva descripción de tipos de Treintañeras. Igual a vos, igual a mí, igual a todas.

jueves, 8 de marzo de 2012

A las Mujeres que aman demasiado*

Hoy también es el día de las mujeres que aman mucho. Tanto que es demasiado.

¡Atención! Quizás las próximas líneas no sean del tono a las que las tengo acostumbradas. El punto es que encuentro la imperiosa necesidad de aprovechar este día para hablarte mirándote a los ojos y sin pestañar a vos que quizás sos o fuiste, como yo, una mujer que ama al otro mucho mas de lo que te amas a vos misma y no porque te salga la Madre Teresa de Calcuta de adentro sino porque estas desesperada porque te quieran por lo menos mas de lo que fuiste querida en toda tu vida.

Asi es que tarde o temprano, mas la segunda que la primera, nos volvemos adictas. Si, adictas. Mamamos del Inconsciente Colectivo, de nuestra madre, encargada o tutora y hasta de cualquier mujer con la que podamos hablar en la parada del mismo colectivo en el que viaja el inconciente, una especie de adicción intrauterina por rehabilitar hombres tarados y habilitar relaciones que en teoría son amorosas, pero que en el fondo no son mas que un parche para una necesidad mas profunda que es la de ser queridas a toda costa.

Solo te quiero pero igual sigamos saliendo porque quizás algún día te ame. Tengo mucho problemas así es que prefiero estar solo. No sos vos, soy yo que no se que quiero. Son solo algunas de la frases que no transportan casi a la velocidad de la luz a un infinito punto rojo lleno de excusas de hombres que no nos quieren bien y que lejos de alejarnos no acercan al punto tal de no reconocer que si lo de “Mi Mama Me Mima” hubiera sido real en nuestra niñez, no elegiríamos ese tipo de relaciones que hasta nos dejan a nosotras mismas de lado. En ese lado oscuro de una luna que esta mas cerca de ser de hiel que de miel.

Pero como decía el Chapulin Colorado, “que no panda el cúnico” porque el trabajo es como de hormiga, arduo pero necesario. Asi es que te propongo, para la próxima entrega, que pensemos juntas un lista de recomendaciones para ir tomando cartas en el asunto antes que el asunto nos gane de mano, nos muestre su mejor carta y nos cante truco en la cara.



*NORWOOD, Robin. Women Who Love Too Much (Mujeres que aman demasiado). 6ta ed. Barcelona. Zeta. 2009. 324 p.

martes, 14 de febrero de 2012

Feliz día de San Queni


(Texto Publicado en Victoria Rolanda el 14 de febrero de 2012 Dia de San Valentín)

Que ni estás desoladamente soltera. Que ni estás felizmente enamorada. Queni’ Day es el día indicado para que festejen personas como vos o como yo, que habitamos el anárquico limbo de los excluídos tanto del Día del Soltero como el de San Valentín.

Que ni podés festejar el Día de San Valentín:

Por estos días, donde la imagen de Cupido se cuela entre vidrieras de regalarías y revistas para chicas, comenzás a creer –sin quitar el correspondiente grado de responsabilidad que te toca- que el infantil Cupido le erró y te apuntó justo con la flecha de punta de plomo del olvido y el desamor en lugar de la flecha con punta de oro que pareciera que es la que usó para el resto de la humanidad enamorada que invertirá el 14 de febrero en bombones derretidos solo para asegurarse a su media naranja algunas horas, días o años más. Y es que si no, no se entiende que las hojas de tu calendario practiquen bungee jumping hasta el tacho de basura sin siquiera una cita a la ginecóloga.

El punto es que para festejar el día del santo de Valentín hacen falta dos. Dos que por lo menos se correspondan en un sentimiento. Aclaro que por el solo y egocéntrico hecho de pertenecer al grupo de los inversores de tasas de corazones no vale tener un amor platónico o estar enamorada del amor.

Que ni podés festejar el Día del Soltero:

El punto es que si solo llegás a ser dos de vez en cuando y con el chico de pocas décadas que cada tanto te saquea la heladera a cambio de que vos le robes algunas horas de cama, tampoco calificás para festejar el día de quienes están solos, solitos, solos.

Que sí podés festejar el Día de San Queni:
Así es que, finalmente, deberías adorar a este santo pagano recién inventado que te acepta tal cual sos, sin novio, con un garch and go, un santo que ni es santo, que ni es real, pero qué lindo sería que fuera cierto.