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lunes, 11 de julio de 2011

Hay para todas

(Texto publicado en Victoria Rolanda el 11 de Julio de 2011)

Cuando lo inexorable ocurre, solo quedan dos caminos: o zambullirte en el agujero negro de un cálido vaso de cerveza hasta descubrir que hay después de esa nada o aceptar que tus amigas se van poniendo de novias mientras vos seguís con tu numerito en la mano esperando a que te llame San Antonio, y aunque mas no sea, te mande el guardavidas que te salve de esa caída.

Ellas dicen que no, que no son novios. Que solo se ven los domingos, van al cine los miércoles y a cenar los jueves, pero que eso no califica de novio. Se ríen con sorna cuando confiesan que él deja remeras sucias con símbolos zurditos para lavar en un lavarropa acostumbrado a delicadas prendas femeninas compradas en locales bien de derecha.

Tampoco se hacen cargo de que están al borde de decirle suegro a su padre, pero confiesan que se resisten a decirle suegra a la bruja que el chico en cuestión tiene por madre, así que eso también es una excusa a la hora de negar el estado civil que va tornando de claro a oscuro más rápido de lo que tenían pensado.

Así es que en la teoría no están de novias, pero en la práctica no paran de hablar de ellos cada vez que se abre un silencio en la conversación de todas las que todavía no engancharon a nadie y siempre, pero siempre, terminan el comentario con una sonrisa tamaño Mariana Fabbiani para la alegría de pocas y la bronca de muchas.

No te preocupes. Respirá profundo. Contá hasta el infinito punto rojo y recordá lo que escuchabas en las fiestas de cumpleaños cuando rompían las piñatas y vos te preparabas para matar o morir por tu muñequito preferido: Despacio que hay para todas. Si lo creíste cuando eras niña ¿por qué no creer ahora?