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martes, 30 de noviembre de 2010

¿Bárbara a los treinta?

(texto publicado en VictoriaRolanda el 15 de noviembre)

¿Bárbara a los treinta? Me hice esta pregunta a los pocos días de haber cumplido treinta y a las pocas horas de que él, sin repetir y sin soplar, dejara de ser mi Es para pasar a ser mi Ex.

Para muchos es una pregunta retórica para mi es una a la que le busco respuesta todos los días y solo a veces puedo responderla.

Aunque la gente luego de hablar conmigo concluya que tengo un problemita con las generaciones, sigo insistiendo, que no es lo mismo tener veinte que treinta y el que diga lo contrario que se pague una ronda de alguna bebida espirituosa y lo discutimos.

Me parece oír alguien gritar ¡Mozo una vuelta para todos por favor! Ok, tomo el desafío.

Domingo. Bar de la tercera edad, el único por la zona. Hora en que un ejército de galletas de agua libran fuego contra las venas de quienes miran el ocaso del fin de semana por la ventana. Él tomando un insípido te verde, yo una sabrosa cerveza negra. Entre su segundo y tercer sorbo me dijo algo como que se quería tomar un tiempo, entre mi segundo y tercer vaso le pedí al mozo un Tiempo doble on the rocks para el señor, pero para cuando levanté la mano e hice el gesto ya me había dejado sin irse, claro, seguía sentado tomándose su té dulce mientras yo ultimaba mi cerveza cada vez mas amarga hasta que tomé la decisión: me levanté y me quedé, si, me quedé sin aliento para decirle “todo bien” con mi típica cara de “todo mal” y enfilé para la puerta sin mirar atrás.

Sola otra vez. Pero esta vez pega como patada ninja directa al pecho, esa que te deja sin respirar y no porque no estés acostumbrada a este tipo de golpes sino que ya no tenés veinte para seguir creyendo que vendrán tipos y tiempos mejores. El rango de chances se acorta porque ya no da lo mismo salir con un hippie dispuesto a no pagar ni un agua de parado en un bar de estación ni con un workaholic dispuesto a cotizar su vida en bolsa y menos con uno que de movida te aclara que quisiera ir al psicólogo pero que es su trauma sin resolver. No, la verdad que no. No da lo mismo a los veinte que a los treinta.

Y entonces te quedan por responder dos preguntas, la primera es esa que sobreviene a los minutos de contarle a tu amiga que de nuevo te estás bajando medio kilo de crema del cielo como souvenir por el plantón: ¿Y ahora qué vas a hacer? Y qué se yo, respondés, de verme hamacando mellizos en Plaza Sésamo pasé a verme viendo a otros hacerlo, me quedé sin recetas y eso que tenía un libraco como el de Doña Petrona, tapa dura y todo. La segunda te la hacés vos el lunes a la mañana mientras te maquillás en el bondi usando el espejito de manos de retrovisor y detectando la presencia de un lindo gatito en el asiento de atrás: ¿Estoy bárbara a los treinta? No lo sé y supongo que lo sabré en el próximo capítulo mientras tanto un vaso de agua y la hora no se le niega a nadie así es que escondés tu reloj, giras y le decís: Hola, me dirías la hora por favor.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Luxación de cóndilo

- Luxación de cóndilo, me dijo.
- ¿Qué?
- Luxación de cóndilo. Ahora me vas a decir que no sabes que es luxación de cóndilo.
- Dale decilo una vez mas sin explicármelo, nena.
- Pará no me hagas hablar mucho que me duele. ¡Si se te habrá trabado alguna vez!
- No podría responder a tal afirmación porque definitivamente no se que es el cóndilo y menos que se podía luxar, ahora si sos tan amable ¿podrías ilustrar a tu querida amiga que hace media hora que tiene la medialuna de grasa suspendida en el espacio exterior entre la palangana de café con leche y la boca, solo para evitar escupir las migas por asco o por risa? Reitero la pregunta y no vale decir Domingo ¿Qué es luxación de condito?
- Mira, la verdad que no me acuerdo como fué, el caso es que estoy durmiendo la siesta, creo que soñaba que le decía a mi jefa que guardar las galletitas en el cajón de los formularios es una mala idea porque es la décima vez que sello al dorso con membrillo de Pepa y tocan el timbre, miro el reloj que no deja de marcar las horas y se caga en que mi vida se apaga: diez de la noche ¡que increíble! había usado la única posibilidad de chaparme a Richard Gere en la yegua de mi jefa ¡ni en sueños mi inconsciente me hace gancho con un tipo como la gente!.
- Medialuna, espacio exterior, taza de café con leche tibio ¿Te suena?
- Bueno, entonces eran las diez de la noche e inmediatamente me acorde que tenia una cita pero luego me di cuenta de algo peor: que ése timbre era La Cita y que todavía me faltaba depilar una pierna y media, una axila, chequear el cavado, por suerte el bozo –palabra que odio- ya lo había liquidado mientras me decoloraba las patillas y dejarme diez minutos mas el baño de crema para hidratar los oscuritos.
- Los claritos Manu, los claritos.
- Oscuritos Lau, oscuritos y no me corrijas que tenés menos peluquería que el Indio Solari. Eso no es todo, además me faltaba rezar para que del otro lado de la cordillera de ropa que tenia que escalar hubiera alguien que estuviera harto segura de lo que tenia que ponerme, pero eso no era el problema, el pequeño y sutil inconveniente era que no sabia qué dedo estaba accionando ese timbre, que cuerpo le seguía a ese dedo y por transición quien era el que estaba llamando a mi puerta ahora con tanta vehemencia.

Pausa

- ¿Lau te puedo pedir un favorazo, si mojas la medialuna te la podes meter urgente en la boca así evitas los derrumbes? Porque vas a terminar comiendo el café con leche y tomando la medialuna.¿Por qué me miras así?, ¿qué tiene de malo? Le pasa a cualquiera ¿ahora me vas a decir que nunca te pasó de citarte con alguien y no acordarte con quien?

Silencio.

Derrumbe de la puntita mas quemada de la medialuna, ese manjar de grasa que justifica el choreo que vas a terminar pagando en un bar recopante de Palermochorros. Esa, puntita quemada y crocante que acabas de perder por tratar de recordar cuando tuviste una cita y no te acordaste con quien.

- Por la forma de tocar el timbre podían ser solo dos masculinos, los únicos dos que te deambulan hace varios meses, unos que bien podrían estar en peligro de extinción pero los salva la Sociedad Protectora de Impunes en Extinción: ejemplares que viven agazapados en su pelotudez y cuando un femenino les canta piedra libre, el lindo gatito se convierte en un feo chita capaz de correr cien metros llanos antes que suene la campana de largada, porque no vaya a ser cosa que de cazado se convierta en casado ¿O al revés?
El punto es que uno de los dedos, que tocaba por cuarta vez, podía llevar una P mayúscula por anillo. Un dedo que carga a sus espaldas un dueño que no es cualquier looser, no, es uno estoicamente orgulloso de su condición porque de alguna manera le resulta mas fácil la vida: de enfermarse se enferma cada dos por tres y se cura cada muerte de obispo pero se mofa de eso y con las anécdotas causa sensación en reuniones de amigos; de ganarse un premio lo hace solo comprando todos los números y de ganarse una mina… bueno, eso si que lo hace seguido porque pareciera que así seduce: es el famoso perdedor que siempre necesita ayuda y que por eso despierta en nosotras el instinto maternal que, de no tener hijos ni gatos, descargamos catárticamente en ese looser que lo está esperando con los brazos abiertos.

El otro dedo podría llevar por dueño al Feo: uno que aplaude en el espejo cada mañana cuando al despertar comprueba que su fealdad está en alza y lejos de llorar por los rincones es feliz por eso. Un empresario y militante de su condición que no solo vive de eso sino que se desvive porque el mundo le reconozca derechos particulares, como si por ser una Susanita Incurable el universo me tendría que otorgar sesiones de psicoanálisis gratis de por vida.
Él, portador de una fealdad que en lugar de hacernos retroceder, nos da un empujón sin paracaídas y a la velocidad de la luz al abismo de una ceguera inducida mas por la ganas de no estar solas que por las verdaderas ganas de estar acompañada -con todo lo que eso implica-.

- Se me enfrió, la medialuna, el café con leche y las ganas de saber quien mierda era el que tocaba a la puerta y que es la luxación de cóndilo.
- Manu, hace cuanto que no…
- Lau, no sea machista, nena.
- Bueno algo de eso hay viste. Teneme paciencia ya termino.
- Es que la paciencia puso las sillas sobre las mesas, apagó las luces, está bajando la cortina y tiene ocho ojos que esperan que pidamos la cuenta.
- Ok, al final, el que tocó el timbre era mi vecino, que esta mas bueno que comer pollo con la mano, pidiéndome si podía pasar para su departamento por mi balcón porque le había quedado la llave adentro, le contesté que si, que podía, pero que justo al balcón se sale por mi dormitorio y que si le quedaba cómodo, de paso, podía preparar unos Fernet con Coca, hablar de banalidades varias y hacerme recordar viejos tiempos de sexo desenfrenado.
- ¿Y la luxación de cóndilo?
- Googlealo. ¡Mozo la cuenta por favor!