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jueves, 22 de octubre de 2009

Ese mensaje de texto que jurabas nunca mandar

Que dificil es sostener las propias convicciones, pensás mientras tipeas ese mensaje de texto que jurabas nunca mandar, hasta ahora que, mientras lo haces te vas mordiendo nerviosa el labio inferior, que se va pareciendo menos a tus labios y mas a los de la Mulatota, pero sin tremenda delantera.

Son las nueve de la noche de un sabado que se va alistando en la fila de los peores sábados o fines de semana de tu vida, de esos que vienen siendo demasiados, eso sin quitarle merito a la semana laboral que por tal la soledad se siente menos.

¿Quien habrá inventado que los sábados son para ver a los novios?, ¿No podría ser otro día de la semana?, que se yo, miércoles, los miércoles son días nada, esos días que si estás sola en tu casa y todas tus amigas con los novios ni lo notás. Es miércoles, mañana jueves y trabajas, o sea que de última te acostás tipo diez y ya pasó. Pero el sábado, justo el sábado. Que estas al pedo todo el día, o sea doce horas sino más pensando en que vas a hacer a la noche y entonces un Don Nadie inventa que los sábados es para ver a los novios y ¿Nosotras que? Estamos condenadas al destierro emocional? ¿O al confinamiento en un deprimente baile de solos y solas, donde lo único que podes pescar es una borrachera de esas que hasta tus penas se volverían a ahogar si te vieran?
Esta de más aclarar, que tu bronca parte de que todas tus amigas están de novia, y encima no es que sos Roberto Carlos. Tenés pocas buenas amigas cegadas por el tipico hedor del enamoramiento inicial, si por lo menos estuvieran en la etapa del amor otoñal, ese que es tranquilo, casi que uno no sabe de la existencia del otro, hasta Don Nadie te parecería un tipo divino, porque en esa etapa cada uno hace la suya como cuando estaban solteros y podrias disfrutar de tus amigas aunque las haya secado el aburrimiento.

Con el total sadismo de su parte, el reloj marca las nueve y vos estas sola y sin plan. Sola con s mayúscula de nombre propio. Nombre hasta con el que podrías firmar, aunque tengas que bancarte que tu madre te reproche que estuvo mucho tiempo eligiendo tu hermoso nombre, que al final se decidió por el de una santa católica, que justo era el de tu tía abuela venida de Sicilia, que por lo menos hacete llamar Solita, lo cual tiene un lado positivo que por el diminutivo,minimiza los treinta años que recién cumpliste y por el otro lado te hace acordar a Solita Silveyra y te deprime mas de lo que estás.

Con sorna el reloj marca las nueve y media, hora en que si no tenés planes solo te quedan dos caminos posibles: comerte un cuarto de crema del cielo mientras ves por décima vez Ghost la sombra del amor y reflexionas a cerca de que lindo que era Patrick Swayze y que porque nunca mas viste una película de él si hizo tan bien el papel de fantasma colado en el subte sin pagar (ya te gustaría hacerlo a vos) o no podés ni tragar el helado porque la tristeza te anudó el estómago.

Correcto. La segunda opción: no podes tragar ni lo ultimo que te queda de la cerveza caliente en el fondo del vaso y decidís usar la angustia que te oprime el estómago de cinturón gástrico y asi darte el envión que necesitabas para hacer una dieta saludable capaz de cambiarte la forma de comer, capaz de bajarle un talle al pantalón de montar, capaz de cambiarte la vida. ¿Una dieta te cambia la vida? Lo que te cambia la vida es que la tomes por las astas: Yo le escribo y que sea lo que dios quiera.

Entonces tomas el celular, tu único vinculo con el mundo exterior, que siendo las diez, esta de joda loca y pensando en todos los detalles te dispones a escribir ese mensaje de texto que jurabas nunca mandar. Ese tipo de mensaje que solo nosotras somos capaces de cifrar, y por eso así nos va: mientras escribimos ya estamos adivinando las miles de respuestas posibles, pero él te devuelve esa que menos esperabas, la que casi siempre es otra pregunta porque no entendió la tuya primero.

Un buen recurso para entablar contacto con alguien con que nunca hablaste fuera del ámbito normal que los une, sea trabajo, seminario de autoayuda, curso de origami, cola del banco, sala de espera del doctor o fila del supermercado, alguien que te gusta pero que sabes nunca te va a llamar aunque tenga tu numero porque simplemente no lo va a hacer. Y como a vos siendo las diez y media ya no te importa quedar como una ilusa, escribís: ¿Salimos esta noche?
El punto es que lo escribis como si fuera para una amiga, pero sabés que se lo mandas directo a él. Y entonces él, al no entender como tu nombre aparece en su celular y menos porque le esta llegando es pregunta directísima al grano, ¿Con que responde? Con una pregunta, obvio. ¿Me lo preguntas a mi? ¡Y a quien se lo voy a preguntar! Si todas mis amigas están de novia. ¡Si a vos! Date cuenta que me hago pasar como que me equivoque y se lo mande a una amiga pero te lo mando a vos a propósito. Pero eso no se lo podes decir, porque quedas como una psicópata manipuladora de destinos.

Perdón. Me ekivoke. Era para 1 amiga. Como tas?

El sobrecito vuela en la pantalla de tu celular mientras le rezás a la virgen que inspiro tu nombre para que se crea que fue una equivocación.
Si se la cree y llega a pasar algo entre nosotros, luego de un tiempo se lo voy a contar. Va a ser gracioso que lo sepa, pensás para mitigar la boludez que acabas de hacer.

Mientras esperas la respuesta con el celular en una mano, con la otra vas buscando la bombacha que hace juego con el corpiño que usas en ocasiones festivas y no me refiero a la bombacha rosa que te regala tu vieja para fin de año o navidad.

Pasaron los minutos suficientes como para comenzar a creer que el lunes a primera hora vas a tener que ir a sacar el pasaporte a otro país, a otro continente o mejor a otro planeta que en lo factible no tenga signos de vida humana.

Hasta que un sobre viene volando y emite un sonido que ya no recordabas porque no recibiste un mensaje de texto en todo el día y la tecla Aceptar espera mas ansiosa que vos a que la aprietes para saber que cuernos te va a contestar.
A partir de aquí varias posibilidades: una nueva pregunta, lo que confirma que es un boludo importante, incapaz de merecerte.
Un reporte de situación de cómo esta. Cosas que te importa poco porque lo que esperabas es que te preguntara si tenias planes para esta noche. Y entonces él desarrolla la respuesta contándote que esta en cama con un resfrío que se lo lleva la porcina y no te queda en claro si esta hablando de la gripe o de su mujer.
O... te pregunta eso que esperabas, que esperamos todas a cualquier hora, menos a las once de la noche, cuando ni esperabas que el truco te iba a funcionar y no estas depilada, no encontrás la puta bombacha negra que te combina con el único corpiño negro que tenés limpio, todavía tenés que bañarte y maquillarte y vestirte y ya te da fiaca y comenzás a ver tu cama con cariño, la frialdad de sábado por la noche de tu casa se transforma en la calidez de un hogar que esta dispuesto una vez mas a cobijarte y entonces le mentís nuevamente solo para sincerarte con vos que te acabas de convencer que no se esta tan mal sola y que en algun momento te va a llegar ese mensaje de texto que alguien juraba nunca mandar.
Mientras tanto, Patrick Swayze no esta tan mal para un sábado a la noche.

martes, 20 de octubre de 2009

Cucarda de Oro al Hombre Perfecto

Evitaríamos comer chocolate cuando nos viene, dejaríamos que nos cambien de canal en medio de nuestra serie favorita, entregaríamos lo más preciado que tenemos: el alma para unas, para otras… otra cosa con tal que la etapa del enamoramiento perdure eternamente aunque sepamos que es sólo una licencia verosímil en los cuentos.

Cuando se rompe esa burbuja en la cual flotamos por unos pocos pero fantásticos meses nada es igual. Como ese florero que rompí cuando todavía era Barbarita y que mi vieja nunca pudo arreglar. Aquel que terminó siendo ese objeto detestable confinado en el lugar mas oscuro de la casa, rincón a donde se destierran las cosas que no se quieren tirar por su valor afectivo, pero que no dejan de ser, objetos indeseables como todos los que rompí después: platos, copas, ceniceros, la Barbie tropical de mi hermana, el botón del baño, el secarropas y un cisne blanco con cabeza negra, el peor souvenir que recibió mi vieja en toda su vida (ese lo rompí en total uso de mis facultades destructivas).

Mientras dura el enamoramiento él te mira y para vos sale el sol; en lugar de caminar flota en el aire; sonríe y aunque tenga los dientes torcidos, suenan las campanas; hasta estas palabras cursis te parecen pura poesía.

Estamos convencidas de que son saludables para la pareja, esos pequeños momentos que pasa con sus amigos, mirando, jugando, discutiendo y hasta llorando por el fútbol, deporte tan divino y saludable que hasta lo juega en la Play Station, esa fabulosa máquina que te regaló pesando en que te gustan los entretenimientos cibernéticos, a vos que solo jugás al Wonder Boy y perdés en el segundo nivel o que los fantasmitas del Pacman te parecen tan simpáticos que preferís correrlos vos a ellos.

A la hora de los llamados, los del él son los más esperados, divertidos e inteligentes. El Call Id te parece la mejor herramienta nunca antes inventada, porque, aunque luego te corte inesperadamente porque le entró un llamado de su jefe, te alegra el día: él te llamo, pensó en vos y marcó tu número, buena señal.
Esperás esos llamados a toda hora: no importa que sea temprano por la mañana, cuando todavía saboreas resacosa todos los tragos que tu amiga deprimida te hizo tomar para ahogar sus penas, que no las tuyas. Atendés hasta dormida aunque sepas que vas a quedar como una mamerta porque no se te va a caer una mísera idea brillante para retrucarle a sus sagaces contestaciones matutinas mientras pensás en que porque estará tan despierto a esta hora de la mañana y te volvés a dormir con una sonrisa.
Cueste lo que cueste, una atiende, aunque mucho cuesta cuando tenés que salir de tu cálida cama para atravesar el frío polar de toda tu casa porque te olvidaste el celular en el living. Cuesta a pesar de que una vez que atendiste, solo te dice: mi amor solo te llamaba para desearte un buen día y corta.
Lo único que el enamoramiento no puede anestesiar es esa yegua que todas llevamos dentro cuando tenemos sueño y queremos dormir, ésa que esta convencida de que no tendrías que haber atendido y que él no tiene derecho a sacarte de la cama y menos cuando la estufa no te anda. Esa yegua relincha diciéndote que porque mierda no te habrá escrito un mensaje de texto y así evitar dirimirte entre lo atiendo o no lo atiendo. El mensaje de texto queda ahí, no se va a ir, para que lo leas cuando tengas ganas, osea cuando te despiertes por tus propios medios.
La otra parte de vos, la que le gusta domar a la yegua, descarta los mordaces comentarios porque sabe que provienen del hemisferio cerebral que hace que siempre termines sola y entonces te sentís feliz por escucharlo aunque sea el único llamado del día o del fin de semana.

Pero lo mejor que tiene y que por eso mis amigas del trabajo le otorgaron la Cucarda de Oro al Hombre Perfecto, es que tiernamente evita hablar de tu gran tema tabú: esos juegos de luces y sombras que se te generan en el pantalón de montar que, en nuestro caso, no es una prenda que la llevemos especialmente con orgullo, mas bien es una prenda que detestamos con todo nuestro ser (si estas leyendo esto y sos hombres te aclaro que el pantalón de montar es la zona superior y lateral de los muslos).
Ese detestable efecto lunar en tus zonas bajas que hasta te hace replantear el porque elegiste ser diseñador y no genetista capaz de alterar tu patrón de ADN que grita a viva voz que tenés celulitis hoy, mañana y las generaciones venideras, seas flaca, gorda, alta o baja, te hagas los tratamientos de las famosas o te dejes estar como una planta.
Hablo de ese alteramiento de los tejidos adiposos que altera también tu psiquis pero pareciera que no la de él ya que nunca hace mención del tema.
Escribirías un manual de técnicas de distracción capaces de ayudar a otras mujeres a evitar que tu pareja se convierta en el Louis Armstrong de tu culo. Aquí algunas de las mas practicadas: lo primero que haces al llegar a un telo es jugar con el tablero de luces buscando la mas tenue, te aseguras de hacer pis antes de coger para no tener que caminar los kilómetros que separan el baño de la cama, te asegurás que las sábanas estén salidas para que te sirvan de túnica romana y le proponés jugar a los gladiadores o te cubrís con la almohada aunque parezcas un koala en extinción. En los casos en que no pudiste evitar la ducha, te llenás de espuma, cual publicidad de jabón y tratas de que él pase la mayor parte del tiempo con los ojos bajo el agua mientras maldecís al electricista del departamento por no poner un dimer para que la luz sea menos buchona de lo que es.
Para lo momentos en que te tiene que ver en ropa interior, tenés que usar un calzón mas grande que el que usaba tu abuela cuando se casó y le decís que es de ultima moda en Paris, sin detallarle el año de cuando fue ultima moda.

Hablando de ropa interior, doble merecedor del premio antes mencionado, cuando tu chico no critica esa maldita costumbre que tenemos todas nosotras de tener solo tres conjuntos de ropa interior decentes y el resto una prenda de cada pueblo, esas que no combinan jamás ni con toda la onda del mundo: una bombacha de leopardo, un corpiño azul y rojo con un numero 5 tipo porrista yanqui; una tanga roja y un corpiño deportivo de Winnie the Pooh regalo de la graciosa de tu hermana pensando que es divertido verte a los 30 años con un osito gay entre las tetas y agradecé que no le regaló a tu novio el calzoncillo con una banana protector de partes bajas.

Hasta que el tiempo pasa y ese bomboncito del que estás super enganchada comienza
a actuar raro o por lo menos vos empezás a notarlo, vas repasando una a una las cosas que estuvieron sucediendo mientras vos no estabas, o estabas pero en la luna y no estoy hablando de tu culo.

En realidad tu bichito de luz, se deprime de verdad con el fútbol porque es hincha de un equipo de la D que no gana ni para sustos y por revancha se junta con sus amigos a jugarlo a la Play o Sega (o como diablos se llame). Se le cae la careta de fanático incurable del fútbol que vendería las joyas de la abuela por una firma del goleador de su equipo.
Pero vas mas a fondo y te das cuenta que te llamaba a la mañana temprano porque era la hora en que terminaba la gira con los pibes y prefería quedar bien a las 7am que a las 7pm.

Pero ahí no queda la cosa.

Lo peor de todo es que nunca hizo un comentario sobre tu tema tabú y ni hablar de tu maldita costumbre de usar el culote de las Superpoderosas para dormir.
¿Sabés porque nunca hizo un comentario? Porqué no lo notó, es mas, le dió lo mismo. ¿Sabés porqué? Porque tenía en su haber otra perra portadora de tanga hilo de coser.

Entonces ahora sos vos la amiga deprimida, la que ahoga sus propias penas en Gin Tonic con palitos salados mientras reflexionás junto con tus amigas sobre en ¿Que hombre no se va a dar cuenta que no te gustan los videos juegos cuando le preguntaste miles de veces como pasar al nivel tres del Wonder.
¿Que hombre que quiera formar una pareja transparente no va jugar a alunizar en tu trasero, plantando la bandera de la conquista?, ¿Quien con ganas de crear una verdadera relación, no se reiría de esa ridícula costumbre de usar un gaucho de cada pueblo debajo de tu ropa?, ¿Que hombre no va a compartir aquello que lo acompleja y ayudarte a que vos superes tu mambos para festejar que pueden ser felices así, al natural?

Y ahí nomás no podes evitar escuchar lo que tu amiga Miss Sinceridad tiene para decirte: Amiga, es el tipo de hombre al que no le importás.
Para:¿Cómo que no le importo?. ¿Me perdí de algo?
Y entonces recordás una frase que pasaste por alto al comienzo de la relación, en la segunda cita, mientras se clavaba una hamburguesa doble con desvergüenza simple: Conoceme, no me idealices.
Esta vez tu yegua interior, esa que te deja sola pero te defiende a veces, no lo percató a tiempo y como una tarada te das cuenta que él te avisó pero vos no lo escuchaste.

Claro, ahora te das cuenta, lo tenías que conocer pero no idealizar.

Pero ya es tarde. Tu Brad Pitt se convirtió en un Umpa-Lumpa sin un mísero chocolate, en un abrir y cerrar de ojos.

Habías creído encontrar al hombre para toda tu vida pero lo único cierto es que encontraste la manera de que el próximo sea el hombre para el día a día que, sin idealismos pero con conocimientos y licencias permitidas, quizás comparta su panza con tus pantalones de montar.

Y haceme caso, dale bola a tu yegua interior de la que tenes mucho que aprender.

domingo, 11 de octubre de 2009

El medio kilo de helado de mi vida

Desde que compramos medio kilo de helado en lugar de dos cuartos nuestra relación cambió.
Cambió para mal.
Éramos felices cuando teníamos la libertad de elegir. Él, un clásico: Dulce de Leche y Chocolate. Yo, vanguardista: Crema del Cielo Parcialmente Despejado con Frutos del Bosque y Mouse de Canela al Arroz con Leche.
Recuerdo aquellos cuartos perfectamente separados, dos cuartos solitarios que se unían hasta ahí, hasta donde marcaba el limite del recipiente del telgopor, esa delgada línea que nos recordaba que todavía éramos dos mitades felizmente cerca pero no pegadas.

La heladería era de Roberto. Mi heladero amigo, remarco, mi heladero amigo, no su heladero amigo. La heladería... ¡porque la llamo friamente heladería!... mi segunda casa, que por poco, no la primera. Quedaba justo a la vuelta, sin siquiera cruzar de calle, justo a la vuelta, al lado del local de Marta la depiladora. Justo ahí donde tiene que estar una heladería: no muy lejos para que te de fiaca tener que ir a buscarlo y no tan cerca para que te tiente cada vez que pasas camino a casa.
Róbert (Roberto) me crió, entre cucuruchos y baños de chocolate. Conocía al detalle mi pasión desmedida por probar sus inventos gastronómicos heladeriles, esos gustos que estoy segura, solo nos hacían felices a él y a mi, su clienta numero dos, como me decía cada vez que entraba al local. La clienta numero uno era su madre que aún muerta siguió liderando el podio. Luego de la bienvenida, el sabía exactamente que sabor necesitaba probar, dependiendo de mi estado de animo que claramente se desprendía de mi vestuario y de mi cara que se empeñaba y se empeña en deschavar lo que quiero ocultar. Si vestía de rojo, Frambuesa al Rhum, si vestía de verde, Pistacho al Verdeo, si vestía de negro directamente no me servía nada y pasaba al otro lado del mostrador donde mientras tomábamos unos mates, escuchaba lo que tenía para llorar. Me conocía a la perfección.
Por eso, cuando comencé a salir con Alejandro, se lo presenté primero a mamá, segundo a él y tercero a mi padre. Entre nosotros, evito soportar el comentario mordaz de mi viejo sobre todos los candidatos que le presento: son todos unos inútiles hasta que demuestren lo contrario.

Los miércoles era el día V. Entrábamos al local de Róbert y disponíamos los dedos en forma de V. No la V de victoria, sino la V de dos: dos cuartos de helado por separado, un cuarto clásico y otro vanguardista.
Luego, un gesto con el pulgar hacia arriba con el que matábamos dos pájaros de un tiro: el por favor y el gracias. No más palabras. No hacían falta.

Treinta miércoles, sesenta cuartos de helados.
Todos felices.
Menos yo, que comencé a sentir que era hora de pedir medio kilo de helado en un mismo recipiente.
Era hora de ponernos de acuerdo y elegir entre los dos ese sabor que fuera el símbolo de una unión mas profunda. Aquel sabor que identificara nuestro amor: eliminar de plano los limites de telgopor y jugarnos a que se mezclen los sabores, a que la cucharada de él se lleve junto con su gusto, uno del mío. Estaba dispuesta a hacerlo.

Llego el miércoles treinta y uno. El día I, de uno. Ale muy nervioso. Yo no tanto, estaba dispuesta a dar el gran paso. Compramos en un mismo recipiente medio kilo de helado.

Pero algo pasó.

Él no se jugó a probar el Mouse de Morango y yo necesitaba un sabor mas ácido que el clásico Dulce de Leche.
No nos pusimos de acuerdo con los sabores.

Ale no volvió por la heladería de Roberto.

Yo volví a mi cuarto de crema del cielo con probabilidades de chaparrones, vestida de colores y esperando volver a formar el medio kilo de helado de mi vida... perdón... la pareja de mi vida.

viernes, 9 de octubre de 2009

¡El historial de internet salvará tu vida hermano!

Hay tantas religiones como humanos en el planeta. Hay tantos libros de autoayuda como personas que los leen para creer que es posible levantarse cada mañana a pesar de...
Hay tantos aromas de incienso como personas igual a mi que usan uno diferente por cada evento trascendental en su vida.

Pero hay unas pocas formas de saber si tu novio te engaña.

La primera de ellas: surfear el historial de internet.

Ahí esta todo, vas abriendo una por una las páginas en las que entró y podés rearmar como un rompecabezas su planes futuros, en los que, obvio no te incluye. Peor aún, te das cuenta que tiene como objetivo realizar con la otra, aquellos deseos que soñaste realizar con él, algun día, cuando deje esas pequeñas manías que eran tan adorables en su momento y que ahora se volvieron en el enemigo numero uno de tu idílica pareja.

Welcome to Cuba. Cumpla sus sueños ahora. Alquiler de departamentos para extranjeros. Hotel seis estrellas. Las migas que reconstruyen el camino a la realidad o a una fantasía de engaño que todavía no se concreta hasta que empieza a titilar la ventana hacia el abismo: la interfaz de un chat que nunca debió quedar con la sesión abierta: Sandra Aguilar Say...

Pará...Quien es Sandra Aguilar? que recuerde en la ultima reunión con sus compañeros de trabajo nunca me presentó una tal Sandra Aguilar. Y ya comenzás a mencionarla como SA, porque intuitivamente te da miedo hasta de mencionar su nombre completo. Que bárbaro, no la recuerdo. Pero como puede ser si no se me escapa ninguna de las mujeres que me presenta?
No es que piense que son todas unas yeguas capaces de levantárselo es que simplemente tengo muy buena memoria fotográfica. Será su jefa de la surcusal brasilera de la que tanto me habló?
La ventana titila nuevamente.
Sandra Aguilar Say: bichito estas?...
Quien es bichito? Y en un giro a lo Wonder Woman, te transformás en una zoóloga y te das cuenta que tu Gatito que era de la especie de los mamíferos en algún momento se transformó en un insecto.

No entendes nada.

Entonces la llamás a tu mejor amiga y otorgándole rápidamente el rol de juez, debe sentenciar tu caso. Le leés detalladamente cada una de las páginas que abriste y por último, la prueba final: el chat que sigue titilando con el nombre de tu victimario.

Clau, ¿Sandra Aguilar es brasilera?... ¡No Laura sos cornuda!

jueves, 8 de octubre de 2009

Y cuando paso?...

Pero si hace un rato nomas un mensaje de texto decia Te Amo. En que momento se terminó la película. Me habré quedado dormida? Pasó cuando baje la mirada para ultimar los pochoclos que quedaban del maxi combo con nachos y coca grande? o el principio del final fue cuando creía que juntos elegiamos la película y en realidad los hacias vos solo? y yo simplemente iba...
No lo sé.
El caso es que aca estoy con 30 años, sin pelicula, sin pochoclos y ¿barbara a los 30?