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jueves, 2 de septiembre de 2010

No soy yo, sos vos

Aunque viste diez veces El Secreto, leíste cuanto manual de metafísica había en la biblioteca de tu vieja y eras fiel practicante del pensamiento claro y actitud positiva, hoy no crees en nada. Y esta vez no sos vos, fue él.

A días de haber terminado una relación que ni siquiera empezó –y no solo es un juego de palabras- preferís creer, y hasta por ahí nomás, en la Santísima Trinidad: Superman, Batman y la Mujer Maravilla, aunque pensándolo bien – y no es por despecho, que quede clarísimo- mas en esta última que en los primeros.

Superman. Si antes te parecía un churro tremendo, con un porte de telenovela, hoy su rulo te parece más deprimente que el de Riverito. Un tipo con baja autoestima y fobia a la criptonita que necesitaba destacarse del resto buscando su aprobación salvando vidas por ahí, evitando la muerte por doquier, en fin, yendo en contra de la Pacha Mama o del destino, inclusive de vos mismo: -Querido, el tren se quedó sin freno, ya recé cien padres nuestros, banqué al insoportable de mi marido por mas de treinta años, me gané el paraíso por lo menos por cinco reencarnaciones ¡si el tren se viene a pique, dejalo! ¿A vos que te molesta?.
Y así el señor Kent se pasó la vida creyendo que le hacia bien a la humanidad mientras a mi tía se le hinchaba la carótida gritando frente al televisor que el casamiento y la mortaja del cielo bajan, que no insista mas en alimentar su ego a costa de modificar el destino al resto de los mortales mientras yo gritaba a la par: ¡Superhéroes del mundo, no somos idiotas y sus enemigos tampoco! Los anteojos no son antifaces, o sea, vos te los pones y tu cara se ve, sos el mismo pero con anteojos. ¡Archienemigo entra en razón! el boludo cuatrojos es Superman, copate y atrapalo ahora que sin traje no tiene coraje ni para confesarle su amor a Luisa Lane.

De Batman siempre te fascinó la capacidad para acudir a la Bati-Señal sin chistar. Ya te gustaría ser el comisionado Fierro levantando el tubo rojo y que al instante aparezca tu héroe y sin cuestionamientos se ofrezca a hacer el bien sin mirar a quien. Pero hoy, piltrafa como estas, recordás que ese Bati-Seudo-Hombre, el héroe de tus tardes, era otro gil con problemas familiares, vengativo por donde lo mires, raro, muy raro. Con un mayordomo obsecuente y un Robin de lazarillo que no servían ni para hacerle entender que su problemita era la envidia, si, la envidia: porque el Pingüino, el Guazón y hasta el Rey Tut -el menos carismático de todos- tenían mucha más onda que él y que todos los súper héroes ocupas del Palacio de La Justicia, edificio que si hubiera tendido dirección legal en Buenos Aires, no hubiera quedado uno sin pasar por el diván de algún psicoanalista freudiano.

Hoy sentís que no crees en nada de lo que creías hasta hace media hora -antes que él galantemente y con un té de hiel de por medio- te dijera que no sos vos, que es él. Te lo dijo a vos que siempre quisiste ser una súper mujer, capaz de cambiarle la vida a cualquier Bati Seudo Hombre que te diera un mínimo de bola y así te fueron las cosas.
A vos, una Wonder Woman rioplantense, a la que ni la cintura de avispa le queda por la sobredosis de Marrocs que devoraste a modo de paliativo antidepresivo. Un vicio contraindicado por tu nutricionista que ya no sabe como decirte que la aguja de la balanza se aburrió de hacer pogo entre el cero y el cien.
Vos, un mujer no tan maravilla, con la innata capacidad de dar vueltas y convertirse en otra, para bien y para mal: un giro y sos una profesional ecológicamente responsable, otro giro y la verdad que te coparía jiponear en Capilla del Monte y hacerle dedo a un Ovni que vaya para El Bolsón; te morís por una porción de fritas pero si el delivery de la heladería te trae un cuarto de helado a las tres de la mañana tocas el cielo con las manos; te querés ir sola a Machu Pichu pero si es con un machu mejor; me gustas mucho, la verdad que sos el Bati Seudo Hombre de mi vida pero si pego otro giro, ya lo estoy pensando, en realidad tenes muchas cosas que no me copan demasiado, no sabes si vender estampitas en el tren o ser gerente de sucursal; te quiero pero si doy una vuelta mas, quizás me doy cuenta que te amo y no se como decírtelo.


Ah mira... así que no soy yo, sos vos. La verdad, ya no se en que creer, estoy mareada o no Lo único que te digo, antes de tomar el ultimo trago frío de hiel, es que si sabes como arrojar el trompo quizás, hasta no se caiga y quede haciendo bonitos giros por un buen rato. Salvo que vos, mi Marciano Favorito, te hayas perdido el yeite por haber estado embobado viendo a la blonda Mujer Biónica.

lunes, 19 de julio de 2010

Alcoyana-Capri

Basta de boludos que nos ilusionan. Somos mujeres, madres –ok, madres todavía no- y argentinas. ¡Viva Perón carajo!

Es el mensaje que le enviás a tu amiga justo en el mismo momento en que el mozo retira los platos que nunca fueron servidos, las copas que nunca fueron brindadas y el mantel que nunca fue manchado más que por migas de la panera que te devoraste mientras lo esperabas a él que nunca llegó.

¿Y porque no? ¿Porque no aceptar todas las citas que se presenten? Quizás alguno me guste, quizás con alguno llegue hasta la segunda cita, la tercera y ,con un poco de suerte y viento a favor, un cine de domingo por la tarde.
Y si, yo me mando. De ahora en más el que me proponga una salida yo le doy pa´ frenchi. Total no pierdo nada. El No ya lo tengo -si habré hecho las locuras más horrorosas con esa excusa, no me alcanzarían las horas de todas las madrugadas del resto de mi vida para enumerarlas-.

Y así empezaste a aceptar toda cuanta cita surgía por mensaje de texto, por chat, por Facebook, en el trabajo, en la parada del 60 un domingo cuando ibas al Tigre con tu vieja, en la puerta de un taxi que disputaste con quien además de compartir el viaje hasta Tribunales compartieron esa misma tarde un chocolate con churros en La Giralda.
Citas de las mas variadas: parrillada completa para cuatro siendo dos; cerveza negra helada contra juguito de limón sin azúcar en una mesa enclenque de ex Palermo Viejo devenido en Palermo Súper Mega Archi New; un sábado de súper acción pero no por sexo, que solo quedó en los ratones de tus ratones, sino por una película de acción que te llevó a ver marca Embole Prodacshions sin pochoclos, ni nachos con queso cheddar ni gaseosa grande, ni un besito de yapa, nada de nada, apenas unos palitos de la selva con el papel pegado imposible de pelar.
Especimenes dignos de alistarse detrás del ultimo ejemplar de la era paleozoica del Museo de Ciencias Naturales de Parque Centenario: el casado aburrido de su mujer pero con ganas de reconstruir su pareja a costa tuyo, un recién separado con ganas de reconstruir su vida, otra vez, a costa tuyo; un soltero vitalicio de la casa de una madre que solo lo alberga para no dejarlo indefenso en medio de una jauría de mujeres al acecho de la codiciada herencia: un televisor a tubo catorce pulgadas, una mecedora de la nona Maria y una corbata de seda italiana del abuelo Santino.
Sin olvidar, aunque la memoria quiera fallar de: un pendejo cruza He-Man y Kent con sello Mattel en la nuca siempre dispuesto a ser tu SexToy 48hs al día pero al que ya le quisieras encontrar el interruptor porque apenas si te bancas dos seguidos en menos de cinco horas; un David Copperfield fuera de ley, ilusionista de Warnes capaz de hacer desaparecer autos y donar algunos sucios morlacos a Felices los Niños para limpiar culpas; un novel escritor devenido en su propio antagonista por no poder encontrar la formula de la gloria pasada y un piloto de avión al que mas que faltarle horas de vuelo para convertirse en Top Gun le faltan hora de cocción para convertirse como mínimo en un ser con categoría de humano.

Restó en las Cañitas. Nueve menos cinco. Esperas en la esquina para disimular ansiedades.
Nadie. En ninguna mesa. Es temprano pensás y te acomodas en una ubicación estratégica desde donde se ve la puerta y la ventana. Te sentas y esperas.

Este si. Éste puede ser. Creí que no llegaba, menos mal que salí rajando del laburo para llegar a tiempo. Decí que conseguí un turno en la peluquería justo en la hora del almuerzo, Marita siempre me deja divina, no se como hace, mira que tiene la misma planchita que yo, esa profesional que me compré a cincuenta cuotas sin intereses junto con el plasma que se compro mi viejo para ver a la selección, que bronca como perdimos contra los Alemanes, que bárbaro. Menos mal que el finde me fui a depilar porque sino el Amazonas era una llanura a lado mío, ahora lo que si, la guacha de Maria Herminia, me tiro unos formularios para firmar a ultimo momento, yo le dije, ¿pero escuchame querida, no me viste nueve horas sentada tipo R2D2, como una yegua mecanizada dale que te dale con la firmita? ¿No podías habérmelos dado antes? No se, digo, quizás antes de franelear con Ricardo en el ascensor entre el cuarto y el quinto. Si, ¿te pensás que no lo sabe nadie? Claro que se sabe, todos lo saben, sobre todo tu ex.

Y media. Que hambre que tengo, pero si pido quedo como una gorda y si tomo un vinito, como una borracha.

Las diez.
Y nos dieron las diez y las once, las doce, la una, las dos y las tres. La puta no viene. Quisiera ir al baño pero mira si me levanto y justo no me ve y se va.

Las doce.
El himno cantado por Charly García suena desde un taxi que estaciona en el semáforo. El chofer lo tararea.
El mozo retira los platos que nunca fueron servidos, las copas que nunca fueron brindadas y el mantel que nunca fue manchado más que por migas de la panera que te devoraste mientras lo esperabas a él.


Entre citas, esperas y desesperas pasó un año. Un año, con sus largos días y sus eternas noches, un año de esa vida que habías creído nunca mas vivir justo cuando lo conociste a él, tu ex, en ese entonces El Elegido, quien había logrado convertir la aburrida agua en vino embriagador, quien demostró que hasta los mares se podían abrir con pensamiento fuerte, el mismo quien terminó bajando la bandera de largada hacia una carrera que ya no querías correr, la de la conquista de otro hombre.

Basta de boludos que nos ilusionan. Otra vez Alcoyana-Capri, le escribís a tu amiga.
Pedite un Malbec y un Mouse de chocolate, te dice, voy para allá.

lunes, 12 de julio de 2010

Cuatro minutos. Una decision

Minuto uno
Tengo cuatro hijos. Estoy recién separado. No puedo tomar vino porque estoy medicado. Este año se define si soy millonario o pierdo todo lo que invertí y la próxima salida me gustaría que te pintes las uñas de rojo para mi.

Minuto dos
No... mentira, risas de parte de él -obvio-. Pedimos?

Esos fueron los primeros dos minutos de la primer cita.
Según indican los especialistas, el común de los mortales adopta una decisión sentimental luego de los cuatro minutos de conocerse.

Minuto tres.
Escudada tras la carta finjiendo una atenta búsqueda culinaria, las voces ajenas de las mesas vecinas se silencian para darle paso a tres pensamientos que te gritan al unísono:

Una certeza: la noche no parece ser la cita soñada y encima recién comienza.
Una pregunta: ¿Que de todo lo que dijo es verdad?
Un dilema: ¿Quedarse y averiguarlo o huir y servir para otra cita?

Minuto cuatro.
¿Que hago?

Qué difícil es ser valiente en estos momentos cuando lo que en realidad te nace es ser cobarde e huir para poder servir para otras citas –San Antonio patas arriba mediante para que las haya-. Pero me extraña de vos, no te enseñamos a huir tipo rata por tirante de las situaciones difíciles dice una voz que no se cansa de imitar a la de tus viejos sobre todo en el gesto con el dedo índice inquisidor apuntando justo entre tus cejas.
Despacio asomas la cabeza por encima de la carta que oficia de escudo y relojeás a tu alrededor en búsqueda de un rostro que desde otra mesa haya escuchado lo que vos: que el pibe tiene cuatro hijos, que está recién separado, que se medica diariamente y que te promete, fetiche de uñas rojas mediante, un futuro de contigo pan y cebolla o contigo fina masa levada con verdes rúculas y tomates disecados al Sunrise –juro que lo leí en una carta en Palermogólico y me pareció genial, sobre todo la parte en donde ni el mozo sabía explicarte que quizo decir el poeta que hace las veces de cocinero-. Obvio que nadie escucho nada, es mas, con suerte a ellos no les toco escuchar algo similar en toda su vida, por eso sonríen felices con gestos de placentero relax en sus rostros, no como el tuyo en donde la boca reproduce fielmente tu estado interior: no sabe si sonreir y comentar “Que chistoso que sos, ¿te ganas la vida asi? Pero porque no te contas uno de gallegos y nos reimos todos” o quedarse impávida esperando que desmienta todo diciendo: “¿Te lo creíste?, es un chiste linda, ¿que querés cenar?”. En cualquiera de los dos casos estas en total derecho de pensar: Este se creyó Olmedo, Biondi y Porcel todos juntos. Si así arranca la noche ni me quiero imaginar como vamos a terminar.

Tu boca junto con vos deciden esperar. Esperar a que nada de lo dicho sea verdad, a que todo lo dicho sea solo un recurso de esos que les encanta usar a los hombres para amenizar los primeros minutos de una cita, digamos, para romper un hielo que a esa altura tiene más kilómetros cuadrados que el Perito Moreno; esperar a que de su boca surja algo que justifique el tiempo que estas pasando con él en lugar de estar en tu casa pasándolo divino con vos misma degustando tu cuarto de helado vanguardista que te quedó en el freezer y que sabes que nadie va a tocar porque obviamente vivís sola.

Justo cuando el sutil reloj de la intuición esta por marcar los primeros cuatro minutos de tu cita él eleva su mirada de la Antología de poetas y cocineros contemporáneos –o carta, como prefieras llamarla- y felizmente replica: ya se que querías comer pastas pero te digo que acá la pizza a la leña es genial y a vos te quedaría divino comerla con la manos si tuvieras las uñas pintadas de rojo.

En el minuto cinco te encontrás parando un taxi en la esquina mientras te miras las uñas y pensas que en cuanto llegues a tu casa tiras todos esmaltes rojos que tengas en el aparador del baño, que a la leña solo queres comer el asado de tu viejo y que único hielo que esperas que se corte es el que te separa del tu cuarto de helado diezmado anoche y vos.

jueves, 1 de julio de 2010

All you need is un sillón

En la mano derecha un juego de llaves que todavía tintinean con un pelota de Racing. En la otra un grabador simil Spika con mp3 comprado en Palermo Choto. A un costado firme como mascota fiel, un jarronazo chino regalo de concubinato. Esos son los números de un bolillero que sorteó mal el premio. Es todo lo que te toco de la repartija de bienes que acabas de cerrar con tu ahora ex novio, ex amigo –porque antes fueron amigos-, ex socio –porque antes de antes, osea en la prehistoria de la relación, fueron socios en un local de ropa de diseño o para ser francos, porque vamos a ser de francos de una buena vez –eso le dijiste y termino yéndose-, para ser francos, lo que vendían no eras mas que un choque de gemelos fantásticos entre prendas del Cottolengo y pitucones de telas resaca de Eleven –Once para los amigos, así como es Flowers a Flores y Little Horse a … el que adivina se gana un premio Alcoyana o de Capri o un Berugo Carámbula articulado- como decía, un choque de gemelos fantásticos que activaba en forma de “ropa vintage de diseño” capaces de no pagarse de acá al día de la Segunda Venida, osea nunca.

De la Spika de plástico –no hablemos de plásticos porque las suspendió a todas y no por dos partidos, sino por todo el campeonato- suena esa canción que hoy pasa a rankear puesto numero uno en la black playlist junto con canciones que te hacen recordar a cada uno de tus ex, una lista con mucho mas gigas que la otra, la que asocias a los momentos felices: vacaciones de amigas en brasil con culos ensungadihos, fiestas de vergüenza pasar, caipirinhas en departamentos ajenos, públicos, privados, lejanos. Suena la más bella de las canciones por esperanzadora y por eso mismo la mas horrorosa, ademas, por tramposa: All you need is love de los cuatro fantásticos, como yo los llamo.
¡All you need is love! ¿Hace falta que cuatro genios te griten en la cara que todo lo que necesitas es amor? ¿Y que hacemos las personas como vos o como yo que a los treinta solo podemos intuir algo sobre el amor, ya que si bien hemos tenido todos los síntomas, todavía no dimos con el diagnóstico final? Además, a esta edad cada vez que se nombra la palabra Amor el link va derecho sin escalas al que te puede dar un hombre –hablo de una pareja, no cualquier hombre: tu jefe, tu padre, el repositor externo del Día y su camisa nevada- ni siquiera hablo del amor filial aunque seas el quinto de los hermanos Riganti o que tus viejos sean la sexta generación viva de tanos que llenan tomos enteros de guías telefónicas en un pueblito al sur de Nápoles. No. Hablo de amor de pareja. A ver si se entiende, no jodamos. Es el único amor en el que se piensa a los treinta y ni hablar cuando ya te pasas de las tres decenas y empezás a escatimar todo recurso que delate tu edad, tipo las velas de la torta de cumpleaños que de pasar a ser la fogata de San Pedro y San Pablo pasa a ser un Cachafaz con una vela aromatizada de decoración.
Pero cuando del capitulo anterior solo te queda dar vuelta la pagina y leer lo que sigue, crees cada vez menos en que todo lo que necesitas es amor y mas cuando el único amor al que le conocías los síntomas es ese que te acaba de poner el punto final.

La ventana abierta, la memoria de una cortina que ya no te protege de tu vecino solterón y su madre que teje de día para destejer de noche, unas paredes tatuadas con los muebles que tanto te costaron subir por las escaleras y que tan fácil bajaron por el ascensor –casi como tu relación- un parquet rayado por el perro que también bajo junto con los muebles y con él, una casa demasiado llana para ser un lugar habitable y entonces vuelve a sonar el tema pero esta ves se evapora desde un auto que pasa nueve pisos abajo, justo por la esquina de Florida y Cangallo, como todavía la llamás, porque Perón es mala palabra, te lo enseñó tu viejo al mismo momento en que te chasqueaba la mano cuando agarrabas el tenedor en forma de cuchara.

Love. Love. Love.
Nowhere you can be that isn’t where you’re meant to be.

Ningún lugar a dónde puedas estar que no sea donde tenías que estar. ¿Yo tenia que estar acá… así, sin ni siquiera el toallón de las chicas Muito Poderosas que compré de raje en Camboriú? ¿Que hay de que puedo modificar el destino, que decrete lo positivo, etc, etc, etc? ¿Qué, con que todo depende de uno, la Ley de atracción y la mar en coche? Estos son los momentos en que te sentís una entupida capaz de incinerar todos tus libros de metafísica básica a lo Guy Montag y gritar por el balcón con las palmas hacia arriba: mis queridos descamisados yo no valgo por lo que soy sino… ¿por lo que descubro cuando dejo de serlo?. Sino estuviera la vieja de enfrente a la que sabes que cualquier ruido le hace saltar el punto, lo gritarías por lo menos a los dos vientos que cruzan la esquina.

Dejaste de ser. De ser vos. Nunca supiste cuando. Tampoco cuando tu casa dejo de serlo o lo que es peor, si algún momento fue una. Y ahí estas, parada en el medio del living casi a medio vivir, cuando en un rapto de lucidez –uno cada muerte de obispo y hoy justo se murió uno- intuís que algo le falta… algo que te acaricie y esta vez no estas hablando de hombres. Algo que te haga sentir en casa, algo que cuelgue el cartel de Hogar y no precisamente de ancianos, algo mullido (que linda palabra)… un sillón. Uno que te abrase, que contenga tus formas, que te haga dormir, uno que te sienta bien, un sillón para volver a ser tu casa. Para volver a ser vos.
¿Los hombres? Los hombres ya vendrán.
It´s easy. Es fácil

lunes, 31 de mayo de 2010

La menos bárbara de todas las que fui (con b minúscula)

No seas tan treintañera me dijo alguien, en una cena, luego del teatro y antes de brindar a los ojos con un Merlot que fue el mas amargo y el mas verdadero de todos los que tomé.
¿Que quiere decir? ¿Como “no seas tan treintañera”? ¿Se puede dejar de serlo cuando todavía no cumpliste los treinta y uno? ¿No sería como dejar de ser la hija de mi viejos, la hermana de mis queridísimos hermanos? ¿O en realidad se puede dejar de ser treintañera porque no es solo una cuestión de edad sino de actitud frente a todo y cuando digo todo es Todo dejando a la Nada afuera como debe ser cuando se hablan de estas cosas?

Por primera vez estoy hablando en primera persona y esto no es menor -me sabrán disculpar- no se si hoy seré divertida, solo seré la que acabo de descubrir: soy lo menos parecida a mí desde que nací. Soy la menos bárbara -con b minúscula- de todas las que fui y eso que fui muchas, de todos los colores, de todos los humores. Pude ser la Bárbara que quise en el momento que quise pero hoy resulta que soy la menos bárbara de todas. Soy aquella que no conozco, por lo nuevo de todo esto y eso que ya llevo un año estrenando traje.

Nací en el 79. En julio del 79. Si las cuentas no me fallan -y son de fallarme bastante- estoy a poco de cumplir treinta y uno. Exactamente a un mes y seis días. Esto de ser treintañera no es poca cosa. Hasta que no los cumplí todo lo que sabía eran mitos urbanos, anécdotas, historias contadas al pasar por quienes ya estaban atravesando el umbral. Me preguntarás que umbral, porque vos no ves ninguno, pero yo te digo que si hay uno, muy alto y casi del grosor de una pared de treinta –este dato se lo debo al arquitecto de mi viejo- de esas que se construían antes, en los edificios viejos, sí, esas paredes que conservan las voces de quienes las vivieron, conservan las memorias de tiempos mas lejanos que los que me separan de mi nacimiento. Es un umbral tan alto que en la distancia que te separa de la cima, perdiste la cuenta de cuanto te llevó, en tiempo, en energías, en sueños, en decisiones, en personas que te hicieron piecito para subir unos centímetros mas y en otras que te pisaron la cabeza para que bajaras unos pocos que de nuevo subiste porque siempre terminas subiendo mas de los que bajas. Siempre, inevitablemente, siempre.
Esa cima que se vuelve como una vuelta de esquina de un barrio que no conoces y tras la cual podes encontrarte con todo, con un todo que por inmenso e inefable da pavura pero que por lo mismo puede darte todo lo contrario. Pero atención, porque descubrir lo que hay mas allá, no es los mismo a los veintipico que a los treinta y pico y no es volver con la vieja musiquita de siempre, no, es cierto: no da lo mismo volver a creer en alguien, que luego te cante truco con el cuatro de copas y encima que gane porque todavía querés creer que un cuatro de copas puede hacerte feliz, no da lo mismo posponer ese viaje que imaginaste en tu cama de soltera mientras elegías al mismo tiempo que carrera que ibas a seguir, no da lo mismo otra vez no terminar con lo que empezaste, no da lo mismo dejar pasar un bondi y otro pensando que es el próximo que viene vacío y en ese si vas a poder sentarte.
Es que ya no te da lo mismo más de lo mismo, porque sencillamente vos ya no sos más de vos misma, sos otra –la segunda persona quiere involucrarte en lo que me pasa, no le hagas caso, necesita buscar cómplices para no sentirse sola, pero esta vez, la decisión esta tomada, hoy escribo en primera y me la banco como morocha argentinaza que soy- como decía, soy diferente a la que empezo a escribir esto, una que acaba de recordar -como siempre pasa cuando uno se olvida de como era en realidad- se acaba de acordar que aun sin poder ver a través de las paredes -o si, pero ese es un cantar para quienes crean en las hadas- la vuelta de la esquina esconde todas las posibilidades, aquellas en las que, prefiero creer son las mas bárbaras de todas las que puedan ser.

martes, 25 de mayo de 2010

Rojo neón afuera. Azul bajo consumo adentro

Rojo neón afuera. Azul bajo consumo adentro. Espejos en los cuatro puntos cardinales. El que apunta para el norte da justo sobre la cama. Ella acostada debajo de él, reflejada por dos. Por cuatro. Por ocho. Replicada al infinito. La piernas de él reflejadas justo en la parte del espejo sano, en la parte rota, su cara en mil fragmentos. Ambos humedecidos por el hule protector de un colchón cansado de ajetreos pasajeros. Ella no puede dejar de observarse como queriendo constatar que esta ahí con él a pesar de tantas causalidades orquestadas mas por el de abajo que por el de arriba.

Ella -como siempre tratando de encontrar alguna coincidencia que mate con un retruco al incómodo silencio de los que cojen por primera y ultima vez- así que mira vos… tu numero favorito es el dos, mira que casualidad justo hoy me regalaron una moneda de dos pesos con la cara de Evita, esa que sacaron hace mucho, es un poco pesada pero yo la llevo en la billetera para atraer la suerte, si, junto con un boleto capicúa tailandés que me regaló un amigo catalán, una medallita de la Desatanudos y una estampita de San Expedito que una vez me dieron en el subte. Yo nunca acepto las estampitas y mas cuando esperan dinero a cambio, pero no se porque ese día en el subte un nene me la dio y la acepte. No se si te dije que estoy convencida de que todo pasa por algo. Ese día sentía que yo tenía que agarrar esa estampita pero no le di dinero porque es fija que los padres se lo chupan en un bar de andén. No, le dí unos Palitos de la Selva que tenia en el fondo de la cartera, me acuerdo que me dijo que él juntaba monedas para comprarse al final de día Palitos de la Selva, que los coleccionaba y que así iba estudiando cada animal y que cuando fuera al zoológico ya los iba a conocer a todos. Que para poder pagar la entrada al zoológico tenía que vender como trescientos Gauchitos Gil o Vírgenes de Luján o lo mismo daba, que la que más salía era la estampita de la Desatanudos. Que me fijara si no tenia el Palito con la jirafa que era el único que le faltaba para completar la colección.
Ese día él estaba de suerte porque justo me quedaba una jirafa en el bolsillo mas chico de la cartera. Yo le pedí que se fijara sino le quedaba una estampita de San Antonio, porque la que yo tenia ya estaba muy gastada y que ahora venia una muy bonita, como remasterizada, con una imagen del santo mucho mas canchera y que justo era la que me faltaba para completar la colección de santos ultimo modelo a las que le pido cosas. Yo también estaba de suerte porque justo le quedaba una.

Él. Nena... sos tremenda ¿siempre fuiste tan buena en la cama?

Ella no saca la vista de si misma, de ese espejo que la devuelve al infinito. Ella que acaba de descubrir que debería sostenerse la mirada a los ojos, como quien esta a gusto con quien habla, como quien no tiene nada que esconder y mira firme para ver todo, ese todo que esta mas acá y que esta mas allá de ella, de todos.

Sigue. La verdad ese día, no me preguntes porque pero los dos tuvimos suerte. Él se llevó su jirafa y yo me quedé con un San Antonio que mientras viajaba entre Congreso y Primera Junta creo que escuchó mi pedido. Pausa.
Por primera vez quita su mirada de si misma y lo ve a él a su lado, su verdadera imagen, no la del fractal que le devuelve el espejo roto del telo mas barato del barrio. Un rojo neón que entra por la ventana aumenta de intensidad hasta que un corto circuito lo estalla y se apaga. El azul bajo consumo hace de él, más de nada, esa nada que es lo único que consigue de ellos. Sigue.
Creo que escucho mi pedido…pero, sino es así, quien me quita lo rezado.

lunes, 17 de mayo de 2010

¿Qué pasa entre un "te llamo" y el momento en que lo hace?

Para los hombres.

Un partido de fútbol con amigos con un tercer tiempo mas largo que los dos primeros; un recorte de barba de hace dos semanas; un cajoneo de papeles al jefe para que por fin elija el retiro voluntario; una lectura minuciosa del Ole mientras no avanza la cola de tres cuadras del lavadero que sale mas barato en José León Suárez al que fue aunque viva en Belgrano; un rescate de camisas del lavadero japonés con la infaltable previa y post queja de que se las dejan arrugadas y dos talles mas chicas además de varias llamadas por teléfono a sus amigos para ver como se instala el plasma HD full full cinco puertas joya nuca taxi que se compro para el mundial. Si el susodicho es algo artista, plantarse frente a un .doc todos las horas que sean necesarias hasta que el pánico a la hoja en blanco muerda el polvo de la derrota cueste lo que cueste -¿a que no sabes que es lo que cuesta? Si, vos-.


Para vos.

Saliste con él que es un divino por mas de diez citas; te pusiste de novia, pasaron ilesos la crisis del primer año; elegiste el cubrecama para cuando se vayan a vivir juntos, se fueron a vivir juntos; él terminó siendo súper hacendoso, hasta plancha sus propias camisas; tuvieron la primer crisis de la convivencia y la superaron con la terapia de pareja que te recomendó tu amiga que mas que una amiga es una hermana de la vida; superaron la crisis con fuerza de voluntad y amor al prójimo; elegiste el souvenir para la boda, unos hermosos portarretratos de mazapán con una foto de cuando viajaron juntos a Camboriú; se casaron, tuvieron la primer crisis matrimonial, con la misma terapia pero con el triple de sesiones la superaron; el apellido de él le va de maravillas a cualquier nombre que elijas ya sea de varoncito o de nena, tienen su primer hijo, crece, se tatúa, sale con chicas y con chicos, elije a los chicos, desfila entangado en la carroza principal de la marcha del orgullo gay, le gana la batalla al gobierno de la ciudad y se casa con Jhony el amor de su vida, vos lloras porque estas ancha de que haya sido tu hijo el que de por tierra las leyes pacatas del siglo pasado; te das cuenta que ahora están solos con el jardín de invierno repleto de bonsái que ya nadie cuida, que tu marido ya no juega al fútbol con los pibes porque de pibes no les queda ni la coquetería y que tampoco les da ni para seguir el fútbol por el plasma HD porque ya no es top, porque ahora lo más es verlo por realidad virtual. Hablando de realidad virtual. Hay algo que suena. es el teléfono. Debe ser él, que divino, finalmente me llamo y eso que Ami –así le decís a tu mejor amiga- no le tenía mucha fe y vos menos. Pero mira que sos desconfiada, te dicen, pero eso te pasa por haber tropezado en ojotas con la misma piedra que ya no sabe como señalizarse para que la esquives de una vez por todas.

Con las patitas que tiemblan pero la voz con madura templanza, antendés.

La voz no es ni por cerca la de él, es mas, crees que es la de tu hermana que ya le quisieras pedir un ADN para tener la certeza que es la que acaba de tirarte un balde de decepción helada por la cabeza sin telegrama ni previo aviso. Si, muy a pesar tuyo y de tus fantasías, es tu hermana que te pregunta si haces algo esta noche. Le respondes que estas un poco cansada, que esto de ir a terapia te agota y mas cuando de temas de pareja se trata pero, que pensándolo bien te vendría bien despejarte un poco y quizás, quien sabe, haya por ahí algún ansioso que antes del segundo llamado te ayude a cuidar los bonsai antes que se marchiten.