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lunes, 12 de julio de 2010

Cuatro minutos. Una decision

Minuto uno
Tengo cuatro hijos. Estoy recién separado. No puedo tomar vino porque estoy medicado. Este año se define si soy millonario o pierdo todo lo que invertí y la próxima salida me gustaría que te pintes las uñas de rojo para mi.

Minuto dos
No... mentira, risas de parte de él -obvio-. Pedimos?

Esos fueron los primeros dos minutos de la primer cita.
Según indican los especialistas, el común de los mortales adopta una decisión sentimental luego de los cuatro minutos de conocerse.

Minuto tres.
Escudada tras la carta finjiendo una atenta búsqueda culinaria, las voces ajenas de las mesas vecinas se silencian para darle paso a tres pensamientos que te gritan al unísono:

Una certeza: la noche no parece ser la cita soñada y encima recién comienza.
Una pregunta: ¿Que de todo lo que dijo es verdad?
Un dilema: ¿Quedarse y averiguarlo o huir y servir para otra cita?

Minuto cuatro.
¿Que hago?

Qué difícil es ser valiente en estos momentos cuando lo que en realidad te nace es ser cobarde e huir para poder servir para otras citas –San Antonio patas arriba mediante para que las haya-. Pero me extraña de vos, no te enseñamos a huir tipo rata por tirante de las situaciones difíciles dice una voz que no se cansa de imitar a la de tus viejos sobre todo en el gesto con el dedo índice inquisidor apuntando justo entre tus cejas.
Despacio asomas la cabeza por encima de la carta que oficia de escudo y relojeás a tu alrededor en búsqueda de un rostro que desde otra mesa haya escuchado lo que vos: que el pibe tiene cuatro hijos, que está recién separado, que se medica diariamente y que te promete, fetiche de uñas rojas mediante, un futuro de contigo pan y cebolla o contigo fina masa levada con verdes rúculas y tomates disecados al Sunrise –juro que lo leí en una carta en Palermogólico y me pareció genial, sobre todo la parte en donde ni el mozo sabía explicarte que quizo decir el poeta que hace las veces de cocinero-. Obvio que nadie escucho nada, es mas, con suerte a ellos no les toco escuchar algo similar en toda su vida, por eso sonríen felices con gestos de placentero relax en sus rostros, no como el tuyo en donde la boca reproduce fielmente tu estado interior: no sabe si sonreir y comentar “Que chistoso que sos, ¿te ganas la vida asi? Pero porque no te contas uno de gallegos y nos reimos todos” o quedarse impávida esperando que desmienta todo diciendo: “¿Te lo creíste?, es un chiste linda, ¿que querés cenar?”. En cualquiera de los dos casos estas en total derecho de pensar: Este se creyó Olmedo, Biondi y Porcel todos juntos. Si así arranca la noche ni me quiero imaginar como vamos a terminar.

Tu boca junto con vos deciden esperar. Esperar a que nada de lo dicho sea verdad, a que todo lo dicho sea solo un recurso de esos que les encanta usar a los hombres para amenizar los primeros minutos de una cita, digamos, para romper un hielo que a esa altura tiene más kilómetros cuadrados que el Perito Moreno; esperar a que de su boca surja algo que justifique el tiempo que estas pasando con él en lugar de estar en tu casa pasándolo divino con vos misma degustando tu cuarto de helado vanguardista que te quedó en el freezer y que sabes que nadie va a tocar porque obviamente vivís sola.

Justo cuando el sutil reloj de la intuición esta por marcar los primeros cuatro minutos de tu cita él eleva su mirada de la Antología de poetas y cocineros contemporáneos –o carta, como prefieras llamarla- y felizmente replica: ya se que querías comer pastas pero te digo que acá la pizza a la leña es genial y a vos te quedaría divino comerla con la manos si tuvieras las uñas pintadas de rojo.

En el minuto cinco te encontrás parando un taxi en la esquina mientras te miras las uñas y pensas que en cuanto llegues a tu casa tiras todos esmaltes rojos que tengas en el aparador del baño, que a la leña solo queres comer el asado de tu viejo y que único hielo que esperas que se corte es el que te separa del tu cuarto de helado diezmado anoche y vos.

4 comentarios:

  1. puede ser que siempre nos sorprendas de esta manera? te fe-li-ci-to

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  2. Siempre es más seguro el 1/4 de helado que el hombre jajajaa Igual siempre les damos oportunidad y estamos ahí, firmes, en las citas.. si ellos la desaprovechan.. podemos huir a la heladería más cercana o nuetsro freezer jaja

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  3. ¿Eran cuatro minutos? ¿Entonces yo me equivoco por apurado?

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  4. Si, dicen que en solo 4 minutos consciente o inconscientemente, uno toma una decisión. A veces tardo menos....

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